Las empresas de nuestra contemporaneidad se ven inmiscuidas en un control mucho más áspero que décadas atrás. Por ello es necesario establecer un mecanismo de cumplimiento normativo para evitar sanciones y/o daños a la reputación. De este modo nace el Compliance, que es la función de cumplimiento de normas externas e internas de una empresa.
Pero no se trata solo de cumplir con las normas que se le imponen a la entidad, sino cumplir aquellas que se autoimpone como un conjunto de valores y principios elegidos voluntariamente. Es que en estos nuevos tiempos las empresas comienzan a tener la llamada cultura ética corporativa.
Esta cultura ética empresarial nace debido a los escándalos que han habido en el transcurso del siglo pasado y principios de este. Frente a la mayor presión regulatoria estatal, grupos empresariales han quedado al descubierto por malas prácticas o ilegalidades y ha sido su ruina en muchos casos o simplemente un costo muy importante. Sin embargo, la esencia de esta nueva cultura no se basa en las consecuencias negativas que puede tener el incumplimiento de presiones normativas estatales, sino que se trata de que una empresa tiene un compromiso social además de generar utilidades. Son nuevos agentes de cambio que se preocupan no solo por su beneficio propio sino por el de los stakeholders o grupos de interés.
Si bien el gasto económico que genera un sistema de gestión de cumplimiento puede parecer desafortunado en el corto plazo, a cartas vistas se trata de una inversión a largo plazo porque evita y previene posibles sanciones económicas y daños a la reputación de la empresa. Además, la cultura de compliance es necesaria para el bienestar de la economía de un país. Estudios han demostrado que comportamientos ilegales como por ejemplo, la corrupción genera una pérdida muy importante en la economía.
El compliance ha surgido para quedarse, no fue una mera tendencia de un momento de reflexión sobre las vicisitudes que genera un mal accionar de las personas jurídicas, sino que se trata de un instrumento para concienciar a los órganos directivos, accionistas, empleados y otros grupos de interés que la ética corporativa resulta en un beneficio para la empresa y la sociedad en su conjunto.
Es importante destacar que parte importante del compliance va a variar según el país que esté actuando la empresa y el rubro de la misma. Existen jurisdicciones muy fuertes en cuanto a la presión legislativa de cumplimiento por parte de las entidades, y otras donde las normas son más débiles o solo ciertos ámbitos están controlados. Sin embargo, el espíritu del compliance es autoimponerse normas, mediante la adoptación de un código de ética y conducta que plasma los principios y valores de la empresa en pro de un bienestar más social. Abarca distintos ámbitos o ramas legales y va a depender el objeto social de la empresa cual rama de cumplimiento va a ser predominante. Se trata de una gestión de riesgos de cumplimiento basado en el rubro empresarial.
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