Para introducirse en el mundo del Compliance es necesario como punto de partida entender su etimología. Es bien sabido que Compliance es una palabra del idioma inglés que su traducción al español es "Cumplimiento" o "Conformidad". De ahí se puede inferir que su espíritu es la expectativa de cumplir con ciertos preceptos o normas.
Este cumplimiento se da meramente por el hecho de existir la norma o precepto que nos obliga o nos compromete. Asímismo, se puede adquirir como una forma de entender la vida misma. Si bien, a la hora de bajar a tierra esta funcíón empresarial, debemos explicar a los directivos de una empresa qué beneficios obtendrán si se invierten recursos en ella, no debiera ser motivo prioritario los resultados que se obtendran por el hecho de cumplir con normas obligatorias, sean de índole legal o moral, asumidas voluntariamente o impuestas coercitivamente. Algo así como plantea la ética Kantiana, el Compliance debe existir simplemente por el famoso "deber ser".
Pero más allá de está idealización, existen también los resultados o fines que se pueden obtener mediante el cumplimiento del deber ser. Es esto lo que da valor cuando intentamos vender su importancia.
Compliance en el mundo empresarial se podría denominar como una función que pretende que una organización cumpla con normativas tanto internas como externas. Pero también se puede entender como una forma de vivir la vida.
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